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Lo que jamás le perdonaré

Yo pasaba por la calle y miraba hacia esa ventanita ese apartamento.

No se ni como me sentía.

Nostalgia. Jodidamente triste. Y un gramo feliz. Porque había sonreído tanto en aquel pequeño apartamento.

Tiempo después le confesé que siempre q pasaba por ahí miraba la ventana y pensaba en ella:

– Ya no vivo allí.

Me puso triste.

Luego se que volvió, con su marido, estuvo dos años viviendo allí.

Y eso se lo perdono, que estuviera viviendo allí con otro, haciendo el amor, follando con él, tomando café por las mañanas con él, y hasta diciéndole te quiero.

(Pero jamás tendría al monstruo de las galletas original).

Lo que jamás le perdonaré es que se fuese de aquel apartamento.

Lo hizo imposible para siempre.

La hija de puta de ella lo hizo imposible.

Hizo imposible que pudiese volver al único lugar donde realmente fui feliz.

El único lugar donde realmente fui feliz.

El puto único lugar.

Fui feliz.

Por unos momentos, por fin lo conseguí.

Por unos momentos, fui feliz.

Estuve completo.

Traga eso, amigo.

Traga.

E intenta vivir con eso.