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– Si ves salir un tío con casco de mi portal, ese es el que me acaba de follar.
Y ahora, amig@ mía, te dejo con la intriga y rebobinamos un poco.
Que manera de cazarte eh.
Ya sabes las malditas redes sociales, que nos han jodido la manera de prestar atención, y hay que hacer trucos como este para que te quedes a ver el show.
Ese tío con casco, si mal no recuerdo, era uno de los dos tíos que se 'peleaban' por ti en aquel concierto.
En la multiusos, si mal no recuerdo tampoco.
Me lo contaste por whatsapp al día siguiente.
Un concierto.
Probablemente de algún grupo de indie de los que te gustaba (y a mi me encantaba que te gustasen, te daba ese rollito de chica con personalidad y que le gusta algo más allá que la típica música comercial, cosa que a un melómano como yo, pues... me la ponía un poco dura).
Un detalle más de los tuyos que nunca te dije cuanto me gustaban (cuando pensaba en la chica de mis sueños, sí o sí, le tenía que gustar la música, y no ser la típica amante del reggeton o mierdas similares).
Bueno, un concierto.
Tú, y dos chicos que pusieron los ojos en ti.
Uno a cada lado, cada uno con su grupo de amigos.
No se como lo conseguiste pero por lo visto, ambos se pusieron a tontear contigo.
Y tu le hacías caso primero a uno, y luego al otro.
Y como una buena loba con piel de cordero, cuando hablabas con uno, dirigías alguna de tus miradas al otro.
Disfrutaste mucho aquél momento, y disfrutaste de contármelo luego.
Me dijiste que pensaste:
– Si Jaime estuviese aquí mirándome, lo estaría disfrutando.
Y sí, lo hubiese gozado.
Me hubiese subido por las paredes viendo disfrutar en tu elemento.
Lo hubiese disfrutado desde la distancia, sin decir mucho, solo mirándote.
Porque me encantaba mirarte y me encantaba verte feliz.
Ya fuese por lo que fuese, y desde luego verte feliz por el tonteo o esa pequeña lujuria, era una de mis grandes y variadas fantasías contigo.
Hubiese disfrutado mucho viendo como dos chicos peleaban por tu atención, y como tu disfrutabas de ello.
Como una chica sensual, con todo ese encanto y ternura que cualquiera podía ver con solo mirarte, y al mismo tiempo esa pizca de femme-fatale de mosquita muerta.
Y sin que ellos lo supieran, depredadora.
El cazador cazado. Ese rollo.
Así que después de un cierto tira y afloja hacia el chico de la izquierda y otro tira y afloja hacia el chico de la derecha, y después de que ellos mismos se dieran cuenta de lo que estaba pasando (casi los puedo ver como saludándose y dándose la mano al final con deportividad)...
Después de eso, te liaste con uno de ellos: el que más te había puesto cara de "se lo que estás haciendo, se lo que está pasando... tienes que ser mía"
Creo que siempre disfrutaste un poco de los chicos que podían mostrarte ese instinto y ganas de 'tener posesión sobre ti'.
Así que te liaste con él. Me lo contaste y a mi me gustó mucho.
Sobre todo oír tu voz cuando me contaste más detalles.
Notarte contenta después de esa aventura y juego a dos bandas (otro de tus fetiches, y ahora si volviese atrás, buscaría darte una historia más profunda de algún triángulo amoroso entre tu y yo y algún otro chico, algo rollo de que nos hubiéramos ido tú y yo y el otro a la playa, y te hubiéramos hecho el amor juntos y también por turnos los diferentes días, que luego discutiéramos entre nosotros, y tú finalmente nos calmases, y volviésemos en el coche de vuelta, quemados pero felices, diciendo que jamás nos íbamos a separar y que los dos te amaríamos por siempre).
Me hubiese gustado darte todas tus fantasías. Las hubiese convertido en la más bonita de las películas para ti, mi dulce Tiger Lilly.
Volviendo a nuestro cazador cazado, puede que esa misma noche te lo follaras, aunque creo que no tuvo tanta suerte.
Y tuvo que esperar al día siguiente o similar.
O quizá te lo follaras dos veces.
El caso es que me ibas contando los avances del whatsapp y que ibas a volver a quedar con él, a tomar algo.
Cuando me dijiste 'vamos para mi casa' yo ya sabía que iba a pasar.
Pensé en un rato lo que iba a hacer a continuación.
No te creas, mis rarezas, mis aventuras, son a veces raras hasta para mi.
Lo prometo, raras hasta para mi.
Pero uno siente que tiene que hacerlas. Tiene que vivir esa aventura. Aunque parezca no tener mucho sentido.
Y de repente te encuentras cogiendo el coche y yendo para la casa de la chica que te vuelve loco.
Que sabes que se la van a follar inminentemente.
Y te metes en un bar, al lado de su casa.
Pides algo, y aunque estás un poco excitado, sobre todo estás nervioso.
Algo histérico esperando que avance y avance el tiempo.
Bebiendo esa cerveza intentando poner cara de póker.
Mirando alrededor, como escudriñando si la gente es capaz de adivinar la obscena razón por la que hay un chico tomando algo solo en un bar, con pinta de algo nervioso.
– Verás, es que se están follando a una chica de la que estoy colgadísimo (pero colgadísimo), y me muero de morbo y necesito estar cerca. No se lo que voy a hacer, pero en cuanto pueda, quiero, no, necesito verla. Necesito verla.
Casi pensaba hasta que era evidente, que cualquiera podría darse cuenta, con solo mirarme.
Además, tu casa, al estar en plena zona céntrica/histórica, tenía también ese toque de barrio y sordidez, donde podía pasar de todo.
Ese hostal en la que siempre había gente extraña que parecían no tener ni para pasar el día, contribuía muy bien a la mezcla.
Estoy casi seguro que de verme cualquiera de los parroquianos de allí sí que hubieran sabido en un segundo que hacía un chico como yo, de treinta tres años, que temblaba un poco y no dejaba de mirar el móvil.
Y ahora sí, ya podemos volver allí.
Le dejé escrito por whatsapp que estaba al lado de su casa tomando algo.
Que me dijera cuando acabase que tenía muchas ganas de verla después de que se fuese el otro.
Al rato, por fin el mensaje:
– Si ves salir un tío con casco de mi portal, ese es el que me acaba de follar.
Fui todo lo rápido que pude desde el bar hasta tu portal.
Y tuve la suerte de verlo salir, no me hubiese gustado perderme el ver a tu amante.
Recuerdo un tío más o menos 'normal', diría que quizá con un punto de chuleta.
Y es curioso, lo ignorante que estuve él en todo el tiempo, sin saber que yo lo estaba viendo, como iba a su moto, se ponía al casco y se iba mientras yo pensaba:
"el amante de Tigrilla, el que se lo acaba de follar".
Era mi momento. Aunque aún no sabía muy bien que iba a hacer.
Así que fui a tu portal. (Perdonad estos cambios de persona, pero ahora quiero hablarle a ella).
Me abriste desde el telefonillo.
Subí las escaleras hasta tu primer piso, y... me parece recordar como que dejaste la puerta abierta, porque tengo la imagen de encontrarte en la cama ya.
Tumbada boca arriba.
Todo tu piso estaba a oscuras.
De verdad que tampoco tenía claro lo que iba a hacer.
Pero verte ahí en la cama.
Sabiéndote recién follada.
Con una pequeña sonrisa.
Mirándome.
Tuve que hacerlo.
Por dios que si tuve que hacerlo.
Me lancé hacia tus piernas, y te las abrí.
Tu estabas en plan "pero qué haces".
No llevabas bragas.
Que conveniente.
Y como pude, te di el primer lametazo en tu coño.
Tú te quejaste:
– ¡Que está sucio!
Realmente no estaba tan sucio, te habían follado con condón, lo cual fue una pena.
Me hubiese encantado sentir el sabor de la polla de otro hombre en tu coño.
Y si hubieras estado llena de leche aún mejor.
Pero aún así, era más que suficiente para ponerme en un estado de depravado sexual.
Tu coño.
Follado por otro.
No ibas a separarme de lo que más quería.
Comértelo como un loco.
Como un obseso con tu cuerpo, tu lujuria y tu placer.
O quizá el mío.
Así que empuje mi cabeza aún más hacia tu coño y empecé a comértelo.
Nuevamente te opusiste a ello.
Me lanzaste las manos hacia mi cabeza.
Trataste de apartarme.
De quitarme la idea de la cabeza.
Pero yo estaba poseído por el demonio.
Tenía que realizar mi misión.
Te aparte las manos, con fuerza, con firmeza.
Era una especie de 'niña, no me voy a ir de aquí hasta que termine lo que quiero hacer'.
Seguiste gritándome un poco, intentando apartar mi cabeza.
Estoy seguro de que te daba cosa, pero ya no por mi, si no por ti.
En plan a que sabrías en ese momento.
No lo recuerdo, solo recuerdo, quitarte las manos, y quitarte las manos, insistir en meter mi lengua todo lo que podía.
En que no me iba a ir de tus muslos.
Y tu gritando:
– Está sucio! – Que está sucio! – Que está... mmmmmmmmmm
Y te rendiste.
Dejaste de protestar.
Por fin había derribado la fortaleza.
Estaba donde quería.
Sin saber exactamente por qué o lo que estaba haciendo.
Pero estaba haciendo lo que quería.
Ahora mientras escribo, solo lamento que no hubiese estado lleno de leche.
Así que lamí y lamí.
Te metí la lengua todo lo que pude.
Escuché tu respiración.
Notaba que a mi me faltaba aire.
Estaba lleno de ansiedad y nervios.
Pero notaba que estabas disfrutando.
Y eso era genial.
Te había traído hacia mis morbos.
Hacia mis perversiones.
Y ahora te tenía a punto de correrte.
Con mi lengua.
En tu coño.
Reciénfollado.
Con tus manos, acariciándote a ti misma.
Y yo, con un brote psicótico lamiendo y lamiendo sin parar.
Creo que no tardaste mucho en correrte.
Y aunque no lo recuerdo muy bien, quiero pensar que entonces me tumbé a tu lado.
Los dos mirando el techo.
Tu diciéndome que estaba loco o algo así.
Y yo pensando en como me gustabas.
Y como me gustaba traerte hacia mis perversiones.
Que las aceptaras.
Que solo necesitase un poco de trabajo para derribar tus barreras y traerte hacia mi lado salvaje.
Y que no te fueras de mi.
La chica que más quería, me aceptaba con toda mi oscuridad, y no solo eso, extrañamente parecía disfrutarla y divertirse con ella.
Era tu validación.
Tu aceptación.
Eso para un friki pringao como yo, era algo nuevo. Y lo era todo.
Mi persona favorita aceptándome.
Validándome (como un "eso raro que tienes, eso oscuro y perverso... me encanta")
Poder comerle el coño y que no corriese luego.
Que se quedase conmigo.
Mirando el techo.
Abrazada a mi.
Hasta quedarnos dormidos.
Y de repente todas mis cosas, mis perversiones, y el ser un poco friki pringao, ahora por fin, por fin tenían sentido.
Al final no tuvo que encontrar a otro como yo, solo aprovecharse de una de mis perversiones (ya sabréis cual, y si no tranquilos que aún queda historia) y encontrar a otro.
Te aprovechaste de lo que yo consideraba mi red de seguridad contigo.
Lo que me hacía único.
Lo que por fin podía compartir con una chica y no sentir miedo.
Coño hasta me sentía más poderoso por estar lejos de la normalidad, ser diferente.
Te aprovechaste de todo ello, me quitaste mis superpoderes de la noche a la mañana, los convertiste otra vez en debilidades y te largaste con un tío normal.
Pero aún puedo hacer algo.
Maldecirte.
Maldecirte con una sola cosa.
Yo te maldigo Tiger Lilly.
Te maldigo con el aburrimiento eterno.
Dios sabe que conmigo jamás lo habrías conocido.